sábado, 31 de agosto de 2013

El eterno vigilante

El buitre leonado (Gyps fulvus) se desliza a gran altura dando vueltas lentamente con las alas rígidas vigilando su área de campeo. Su vuelo, resulta inconfundible, con las alas planas y el largo cuello recogido, resulta majestuoso por la parsimonia y armonía con que lo desarrolla. Es capaz de estar en el aire durante muchas horas en busca de alimento.

Recorren amplias zonas localizando carroña o animales muertos. Su desarrollado sentido de la vista le permite escudriñar con rapidez el terreno y tener éxito en la búsqueda. Suele rastrear en grupos bastante numerosos.


Cuando localiza algún cadáver, no desciende inmediatamente, sino que sobrevuela en círculos la zona durante un tiempo, hasta percatarse de que la zona es segura antes de aterrizar, ya que en el suelo el leonado se desenvuelve torpemente. La maniobra del despegue una vez que ha terminado de alimentarse puede suponer un verdadero problema para este animal que a veces no lo consigue por el exceso de peso de lo que ha comido.

Un buitre leonado necesita, casi un kilo diarios de comida, pero puede consumir esa cantidad multiplicada por cuatro para prevenir las jornadas en las que no encuentre nada.

Cuando los buitres descienden uno tras otro hacia el cadáver se inicia uno de los espectáculos naturales más sorprendentes que se pueden observar. En pocos minutos el cuerpo de una oveja queda convertido en un esqueleto. Comen con un orden jerárquico y siempre hay peleas por algún bocado.

Mi recomendación fotográfica es buscar momentos aislados de peleas o vuelos ya que sino obtendrás fotografías muy desordenadas y con algunos ejemplares cortados.



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